Ojalá sirva de algo
Con la mente puesta en el clasificatorio mundialista, la Selección Mexicana enfrentará una Copa de Oro que en la primera fase podría dejar muy poco en el plano futbolístico.
La exigencia, en todo caso, y esto ya se ha dicho hasta la saciedad, es una mejoría en el juego de conjunto, pero el plantel que ha elegido Javier Aguirre no parece tener demasiada calidad como para lograr ese objetivo: el techo de esa Selección parece bastante bajo.
Es cierto que el desempeño de la primera alineación de los dos últimos juegos de preaparación fue mejor que la segunda, pero también es cierto que ni esa Venezuela, ni esa Guatemala pueden ser consideradas sinodales de altura. No nos permiten sacar demasiadas conclusiones en lo que nos importa, que es el nivel real de nuestra Selección.
Sin embargo, los primeros rivales de la competencia que está por iniciar tampoco tienen el nivel de exigencia que pueda hacer mejorar al Tri, como tampoco nos dejarán ver los alcances de ese plantel. Sólo un eventual pase a la siguiente ronda para enfrentar a equipos más conocidos y mejores nos dará algún parámetro.
El problema es que seguimos en una gran incertidumbre. Hoy, nadie puede asegurar para qué está lista nuestra Selección, aunque el compromiso verdaderamente importante es el siguiente juego clasificatorio en el Estadio Azteca contra los Estados Unidos y no hay ninguna certeza de que México pueda conservar su invicto en casa ante la Selección de las barras y las estrellas.
La situación es más que preocupante, pues la situación general del futbol de nuestro país no es muy feliz. En realidad hay poca calidad, los delanteros brillantes no aparecen por ningún lado y todo este escenario está motivado por nuestra inveterada deficiencia de trabajo en fuerzas básicas.
Sigo escuchando a quienes dicen que los valores hay que detectarlos desde jóvenes; esto es un terrible error de concepto: a los valores hay que CREARLOS desde jóvenes y nosotros no trabajamos correctamente con los chavos.
En fin, creo que la crisis de la Selección hay que atacarla desde varios frentes y con una mirada que llegue más allá de lo que está frente a nuestras narices. Habrá que poner objetivos de corto, mediano y largo plazo, pero lo que se hace desalentador es que esta necesidad ha estado presente siempre y no hay demasiadas razones para pensar que "ahora sí" se va a actuar en consecuencia.
El futuro no es muy halagador.









